Una colonia histórica cada vez más menguada

La menguante comunidad de exiliados de la Guerra Civil española en la República Checa incluye a familiares de Antonio Machado y de Vicente Uribe, ministro de Agricultura en los gobiernos de Francisco Largo Caballero y de Juan Negrín.

VIDEO: Tras la huella de los últimos exiliados españoles en la República Checa

Benita Gil, quien en enero cumplirá 98 años, es la más veterana de los apenas una veintena de miembros -entre primera y segunda generación- que quedan de aquel grupo que en la Checoslovaquia comunista de la posguerra totalizaba 114 adultos. Junto a Benita, la otra decana de la exigua colonia es Camelia Vidal, después de que Isabel Vallet falleciera en 2007.

Los hijos de Benita y Felipe Serrano, que trabajaba como funcionario del Consejo Mundial de la Paz, son Deli y Felipe, ambos intérpretes de la lengua española. Felipe “junior” afrontó penalidades por pertenecer al movimiento estudiantil en 1968, lo que le impidió poder acabar sus estudios universitarios.

El marido de Camelia, Juan Sardá, trabajó durante el régimen comunista en la Federación Sindical Mundial.

“Les diría que han hecho bien en regresar”

Entre los supervivientes más conspicuos del grupo se encuentra Violeta Uribe, quien aprueba que muchos correligionarios decidieran regresar en España. ”Les diría que han hecho bien en regresar a su país, pero deberían volver de vez en cuando para ver esto”, apunta la veterana exiliada, hoy una jubilada de 71 años.

Uribe es hija de Teresa García y del alto funcionario del Partido Comunista de España (PCE) Vicente Uribe Galdeano, ministro de Agricultura durante la Guerra Civil y algunos años número dos de la formación izquierdista en el exilio.

“Me siento como que estoy aquí, pero no (me siento) local. De la misma manera que me siento en España, en Francia o en México”, dice esta mujer nacida por casualidad en París -por el destino de la guerra-, en 1939. A decir verdad, “yo me considero más que española, vasca. Aunque he recorrido mucho mundo, y me veo un poco cosmopolita”, señala Uribe, que guarda gratos recuerdos de su infancia en la ciudad del Sena y también en Cuernavaca (México).

Uribe reconoce que los años cincuenta en Checoslovaquia fueron los más difíciles, por ser vistos los exiliados como extranjeros y por las cartillas de racionamiento, aunque matiza que “por ser una inmigración política nos dieron ciertos privilegios”. Desde entonces ha llovido mucho, y la capital checa ha avivado sus encantos: “la ciudad se ha modernizado mucho y los servicios funcionan muy bien: ha pasado un siglo desde los años cincuenta”, opina.

“Dolores Ibárruri no nos daba caramelos, pero siempre nos trataba con muchísimo cariño”, dice a propósito de La Pasionaria, cuando iban a visitarla a la casa que el partido ponía a su disposición en Praga. También conserva en su memoria los momentos vividos junto a otros destacados dirigentes del PCE, como Irene Falcón, Enrique Líster, y, en menor grado, Santiago Carrillo.

De la verdadera colonia histórica…

“De la verdadera colonia histórica quedan dos o tres personas muy ancianas, y los hijos. Pero la mayoría de éstos se marchó de Checoslovaquia”, apostilla.

Antonio Casado Machado es otra persona de renombre de aquella colonia, formada en su mayoría por emigrantes políticos. Casado, nacido en Moscú en 1946, es hijo de Jerónimo Casado Botija y Eulalia Machado Monedero, hija a su vez del pintor académico José Machado, y sobrina directa de los ilustres poetas sevillanos Antonio y Manuel Machado.

“Al principio nos juntábamos en clubes, pero después del 68, dado que el PCE no estaba muy a favor de la invasión (de las tropas del Pacto de Varsovia), la gente no tenía donde reunirse”, explica Casado, que es recepcionista de la embajada de España en Praga.

Al igual que Uribe, Casado coincide en que “antes era todo de color gris, y ahora es de todos los colores. Se va notando una gran mejoría de Praga, que se lo merece, porque es una ciudad preciosa”.

18. 11. 2010

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