Las “Historias mínimas” de la emigración bohemia y checoslovaca a Chile

El iberoamericanista Ivo Barteček y el diplomático Jiří Jiránek acaban de publicar “Češi a Slováci v Chile ve 20. století” (“Checos y eslovacos en Chile en el siglo XX”), un vivo relato de la emigración bohemia y checoslovaca al país del Cono Sur.

A lo largo de estas 266 páginas, un trabajo en el que invirtieron ocho años, Barteček y Jiránek reconstruyen de forma minuciosa los relatos de casi 600 personas, de las 2.000 que cruzaron el océano en la centuria pasada en busca de mejores perspectivas o para sobrevivir.

El libro, que fue presentado en el Instituto Cervantes de Praga, tiene el sabor de las “Historias mínimas”, aquella memorable película del argentino Carlos Sorín, por la afinidad de los autores con el medio y la humanidad con que retratan cada uno de los personajes.

Son los protagonistas los que hablan, y con los que Jiránek, en su capacidad de embajador en Santiago de Chile, y después en Caracas, mantuvo un contacto estrecho.

Entre los nombres más destacados figura Benedikt Kocian, que introdujo y popularizó el voleibol, o František Papež, que enseñó la técnica de impresión de billetes de banco.

Otros avezados personajes son el pintor judío František Ota, o el empresario Vilém Polák, que construyó el célebre Hotel Continental, que alojó a la reina de Inglaterra.

También eligieron Chile como hogar miembros de familias nobles checas, como el geodeta y cartógrafo Albig Kolowrat Krakovský-Liebsteinský, el técnico de fábricas de cerveza Václav Špaček von Starburg o el empresario Johannes Podstatzký-Lichtenstein, que ahora reside en su castillo de Velke Mezirici en la República Checa.

Otros, de nombre menos rimbombante, guardan relación con el hispanismo, como Drahomira Šlitrova, discípula del profesor Josef Polišenský, uno de los padres de esta disciplina académica en Checoslovaquia.

Oleadas migratorias

Pero esa emigración a Chile comenzó mucho antes que el siglo XX, ya que a finales de siglo XVII llegó de Bohemia una primer grupo de 25 personas , bajo la inspiración de los jesuitas y con afán evangelizador.

Luego, entre 1850 y 1875, hubo pobladores de habla alemana de los Sudetes los que partieron de Broumov y se establecieron al sur, en Valdivia y Puerto Montt.

En el siglo XX, antes de la Primera Guerra Mundial, llega otra oleada de 350 personas, en este caso directivos y operarios enviados por empresas austríacas y francesas.

Durante el protectorado alemán sobre Bohemia y Moravia llegan a Peñaflor, cerca de la capital, 17 empleados de la empresa Baťa para montar una planta de producción de la firma zapatera.

También llegó por entonces un pequeño grupo de judíos, que sobrevivió a los campos de concentración nazis.

El régimen comunista, inaugurado en 1948 y que duró cuatro décadas, desencadenó otra ola de emigración, y “Vera Kočarová fue el alma de esa generación”, afirmó Jiránek.

Hay que reconocer que el sueño dorado de estos emigrantes era echar anclas en los Estados Unidos, pero las estrictas leyes de inmigración impidieron la entrada de todos los aspirantes.

Muchos se quedaron en el camino, al no cumplir los requisitos de utilidad o provecho dictados por el país norteamericano, y “el último puerto de recogida era Chile, al que no les quedó más remedio que acogerse”, explicó Jiránek.

Tras la instauración del régimen filosoviético en 1948, se estima que salieron unas 325 personas “por razones ideológicas o expoliados, mientras que algunos que lograron huir de las minas de uranio de Jáchymov”, explica Jiránek.

Incluso “uno se quemó a lo bonzo en 1971, porque no quería volver a emigrar”, al igual que hizo Jan Palach en 1969, aunque éste último en protesta por la ocupación de las tropas del Pacto de Varsovia.

En la época de Salvador Allende, que da paso a un régimen afín al checoslovaco, llegan a Chile geólogos, geofísicos y otros especialistas.

“Luis Corbalán, secretario del Partido Comunista de Chile, dijo que los devolverían a su país tan pronto como pasara algo”, recordó Jiránek.

Aquella época convulsa se saldó con una nueva emigración de aquellos checoslovacos que temían que Allende hiciera como Klement Gotwald en su tierra natal.

Uno de los que salió fue Milan Platovský, de una pudiente familia judía praguense que tenía los astilleros “Praga”, y que desde el exilio escribió el best-seller “Sobre vivir”.

El épico relato de Platovsky, sobreviviente del Holocausto, y quizás el checoslovaco más conocido en Chile, resulta fascinante, como ponen de manifiesto las líneas de Barteček y Jiránek en su obra.

Entre 1955 y 1989 sólo llegan unas 50 personas. “Algunos sujetos peligrosos aprovecharon en 1968 el momento de apertura, cuando se fletó una avión para todo tipo de gente”, explica el diplomático.

Desde la Revolución de terciopelo de 1989, sólo han llegado 35 personas, en su mayoría jóvenes o mujeres checas casadas con chilenos.

03. 02. 2013

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