Belgrado, eterna e inoxidable vigencia a través de los siglos

Con la Hacia el final de la primera guerra mundial y luego de la derrota de los imperios centrales, allá por el 1ero de diciembre de 1918 se creaba el Reino de los serbios, croatas y eslovenos.

Su denominación fue rápidamente reconocida y escrita en cada idioma y grafía de las diferentes naciones que lo integraban, evidenciando su Status multicultural tan propio y distintivo: Kraljevina Srba, Hrvata i Slovenaca, en Croata; Краљевина Срба, Хрвата и Словенаца, en Serbio; Kraljevina Srbov, Hrvatov in Slovencev, en Esloveno; Кралство на Србите, Хрватите и Словенците, en Macedonio.

Sin lugar a dudas, fue este Reino el génesis de la formación de lo que luego todo el mundo conociera como Yugoslavia, o bien, Југославија, lo que significa “Territorio de los eslavos del Sur”.

Este mencionado y amplio territorio recibió, luego del triunfo de las fuerzas partisanas y aliadas en la segunda guerra mundial, el nombre de Repúbica Demócratica Federal de Yugoslavia, para luego pasar a denominarse “República Federal Popular de Yugoslavia, en 1946 y por último, “República Federal Socialista de Yugoslavia (RFSY), o bien Социјалистичка Федеративна Република Југославија, hacia 1963.

En Yugoslavia convivieron durante aproximadamente medio siglo seis repúblicas, cinco naciones, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un único partido político.

Además, dentro de su extensión supo albergar a serbios, croatas, eslovenos, bosnios, macedonios y montenegrinos.

Resulta hoy por hoy practicamente imposible realizar un análisis justo, extenso, adecuado y objetivo de lo que alguna vez fuera Yugoslavia, hoy ya extinta y convertida o reconvertida en seis estados independientes, tales como Serbia, con capital en Belgrado; Croacia, con capital en Zagreb; Eslovenia, con capital en Ljubljana; Bosnia y Herzegovina, con capital en Sarajevo; Macedonia, con capital en Skopje; y Montenegro, con capital en Podgorica.

A modo de resumir y graficar sencilla, humilde y superficialmente lo que significó o aún significa Yugoslavia, es menester señalar y remarcar que todo aquel ciudadano que pertenezca a algunas de las repúblicas que la conformaban, el cual no sienta al menos un atisbo de nostalgia o un dejo de melancolía por aquella nación de “La unidad y la Hermandad” y por aquel país sinónimo de los “No Alineados”, dirigido con mano de hierro durante casi 40 años por Josip Broz, carece de sentimientos y de corazón.

Como así también todo aquel ciudadano de los estados antes citados, el cual pretenda en la actualidad restaurarla tal y como era, carece, indudablemente, de razón y de sentido común.

Describiendo brevemente y haciendo un repaso fugaz a través de la historia de Yugoslavia, resulta inevitable no recaer en Belgrado.

Y recaer en Belgrado significa, inexorablemente, hacer mención a una amplia e interesante parte de nuestra historia.

En serbio “Београд”, es un nombre eslavo descubierto durante el primer Imperio Búlgaro, allá por el año 878 y traducido como “Beligrad”, lo cual significa ciudad o fortaleza blanca, debido al color de las piedras con la que se construyó.

“Singidunum”, denominación otorgada por los romanos al nombre Celta luego de la conquista, lo que quiere decir “alojamiento”;” Βελιγράδι” en griego y “Alba graeca” en latín.

Diversos nombres y denominaciones para una misma ciudad, hecho que sin lugar a dudas demuestra y refleja que desde el mismísimo comienzo de su existencia ha sido siempre blanco de intereses contrapuestos que lucharon y pugnaron incansable y cruelmente por su control y dominio, librando duros e interminables combates y sangrientas batallas.

Desde el establecimiento de los Celtas en el 279 A.C, fue continuamente motivo de disputas e incesantes conflictos bélicos entre los Romanos, Bizancio, el Reino de Hungría y los Imperios Búlgaro, Otomano y Austro-Húngaro.

Hacia 1878 consiguió si independencia definitiva de los turcos y supo y pudo también superar y sobreponerse con entereza, valentía y coraje a las dos guerras mundiales, hasta llegar a convertirse en nuestra historia más fresca y reciente en el símbolo y ciudad capital plenipotenciaria de la en 1945 llamada “República Democrática Federal de Yugoslavia”; en 1946 “República Federal Popular de Yugoslavia”; y, por último, “República Federal Socialista de Yugoslavia, (RFSY), en 1963, siendo el estado yugoslavo de mayor duración.

Y será precisamente en esta histórica y tantas veces disputada y otrora capital de la ex-Yugoslavia, donde se disputará la final de la Copa Davis, el mundial del tenis. Ubicada entre la llanura panónica y balcánica y en la confluencia de los ríos Sava y Danubio, “la ciudad blanca” albergará en su “Beogradska Arena” entre el 15 y el 17 de noviembre un nuevo capítulo de cierre de este mágico y tradicional torneo que se disputa desde hace ya más de un siglo.

Otra navidad en las trincheras. Un nuevo fin de año en las fronteras. Otra final y con ella una nueva e interesante historia por escribirse. Una victoria por gozar y disfrutar y lamentablemente una derrota por superar y de la cual aprender.

El periodista argentino Marco Codino en la Beogradska ArenaDos viejos conocidos y recientes campeones serán los protagonistas del duelo que definirá al vencedor de este centenario y legendario torneo.

Serbia y República Checa se enfrentarán por tercera vez en apenas tres años. El primer antecedente de estos países, dejando de lado aquellos en los que se enfrentaron como Yugoslavia y Checoslovaquia, fue durante las semifinales del 2010, con triunfo serbio por 3 a 2, en Belgrado, mientras que en el segundo encuentro la victoria fue para los checos, en Praga y con un resultado final favorable de 4 a 1.

Los serbios se alzaron con la ensaladera en la final de 2010, disputada también en Belgrado, contra Francia, por 3 a 2 y con triunfo en el quinto punto de Victor Troicki contra Michael Llodra, mientras que los checos son los actuales campeones defensores, ya que obtuvieron el título en 2012, jugando de locales en Praga ante España y ganando también en el quinto punto, luego de la victoria de Radek Stepanek sobre Nicolás Almagro.

Con una metrópoli mística y milenaria, sinónimo de historia, contiendas, grandeza, belleza y vigencia elegida como sede, con un sobrio e inmenso escenario que acogerá a más de 20.000 personas encargadas de darle un toque distintivo y enfervorizado al encuentro, con dos recientes campeones frente a frente, dos jugadores top ten y dos de las mejores parejas de dobles de la actualidad, la mesa está servida con el menú más exquisito y selectivo, y por su parte las cartas se encuentran estratégicamente dispuestas y debidamente ubicadas para que tanto Novak Đoković, Janko Tipsarević, Nenad Zimonjić e Ilija Bozoljac por el lado serbio, comoTomáš Berdych, Radek Štěpánek, Lukáš Rosol y Jan Hajek por el checo nos regalen una final que promete ser, como tantas otras en Copa Davis, apasionante, memorable e inolvidable.

Será este un encuentro decisivo, el cual cuenta en su haber con condiciones, protagonistas, escenario y antecedentes ideales e inmejorables para que resulte un espectáculo deportivo de altísimo nivel, como bien lo amerita la ocasión y que tendrá, como no podía ser de otra manera, un final y un desenlace inciertos, abiertos y equilibrados.

Resta esperar el sorteo, a realizarse en el Beogradska Arena, para conocer el orden de juego y los cruces del primer día.

Y luego sólo aguardar un par de horas a ese viernes a las dieciseis y monedas, hora local, para que el Umpire anuncie el comienzo del juego, mencionando la palabra “PLAY”, vocablo mágico que significa que la cuenta regresiva para conocer a un campeón de la Copa Davis acaba de dar comienzo.

El show en Belgrado no sólo debe continuar; Ante todo y como primera condición, debe comenzar… Los jugadores están listos, juego…Players are ready, Play… Igraci su spremni, Igra…

© By MARCO CODINO

11. 11. 2013

Coméntalo: