Sífilis, tifus y difteria, las enfermedades más extendidas del Renacimiento

El doctor en Medicina y Cirugía Justo Hernandez, de la Universidad de La LagunaSífilis, tifus y difteria fueron las enfermedades más extendidas durante el Renacimiento, un período de contrastes que aunó la exaltación de la naturaleza y del hombre, junto a las hambrunas y hacinamiento, lo que fue caldo de cultivo de dolencias letales.

Sobre el origen e impacto de esas y otras enfermedades frecuentes en la época, versó la conferencia en Praga del profesor Justo Hernández, experto en Historia de la Medicina en la Universidad de la Laguna (Canarias, España).

Al que comparta el interés por el Renacimiento, y pueda zambullirse en los documentos de esos años, no se le escapan frecuentes referencias a los achaques que sufrían nuestros antepasados.

Males que, en muchos casos, no se pudieron consignar médicamente, y dieron lugar a remedios cuya eficacia también quedó por contrastar.

Hinchazones, postración, fiebres y otras insuficiencias, y luego tratamientos a base de sudores, purgas sangrientas y curas de zarza, estuvieron a la orden del día en las cortes europeas del siglo XVI.

En el caso de Praga, basta citar a Juan de Borja, embajador de Felipe II en la capital bohemia, quien escribió el 30 de marzo de 1580 a su monarca sobre estos temas.

Informó que Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio y rey de Bohemia, había empezado su “cura de zarza”, cuyo jarabe se empleaba contra las inflamaciones de garganta.

“Tiene previsto acabarla para la víspera de Pascua”, explica Borja, y añade que la emperatriz María, madre de Rodolfo y hermana de Felipe, también sigue con su cura, aunque ha podido hasta ahora “sudar muy poco”.

“Yo cierto me espanto cómo pueden sufrir estos príncipes tantas purgas y medicinas como les dan para enfermedades que pueden andar en pie”, lamenta el diplomático.

Lo más probable es que aquellas inflamaciones de garganta fueran simples amigdalitis (anginas) o, ¿podría haberse tratado de difteria, también llamada “garrotillo”?

Esta es consecuencia de un germen que se reproduce en las membranas de la faringe y que ahoga, ya que tapa las fosas nasales y la faringe.

La difteria “fue muy maligna hasta el siglo XIX, en que se inventó el suero antidiftémico”, indicó Hernández.

En las cortes europeas, y entre el pueblo llano, también hubo muchos casos de sífilis.

Esta enfermedad “ni vino de América ni la llevaron los europeos, sino que ya existía en ambos mundos”, lo que pasa  es que ”tuvo una virulencia especial en el Renacimiento, por su exaltación de la naturaleza y del hombre”.

La sífilis es producto de un germen (Treponema pallidum) que se transmite por contacto sexual y puede durar años.

“Produce lesiones cutáneas, fuertes dolores articulares, postración, y neurosífilis”, precisó Hernández.

La tercera enfermedad más extendida en la época fue el tifus exantemático, llamado también “tabardillo”, y que es transmitido por el piojo verde y causa la fiebre tifoidea.

“Se reproduce en época de hambrunas y de hacinamiento”, dijo el académico.

El tratamiento contra esos males eran, a menudo, a base de sangrías, lo que responde a una visión algo rudimentaria de la enfermedad.

Justo Hernández impartió su conferencia en la I. Facultad de Medicina de Praga“Para ellos, las enfermedades eran alteración de los humores. Si quitaban sangre, sacaban los humores que las provocaban”, explica Hernández el motivo de combatir las inflamaciones con sangrías.

Éstas se practicaban en el ángulo del codo o en una zona en particular, con sanguijuelas, “pero aquello no funcionaba, y probablemente se causaban muchas muertes”, afirmó, lo que no quita para que se siga haciendo hoy entre los pueblos indígenas.

Contra la sífilis se utilizaba mercurio, que tuvo en el médico suizo Paracelso el “gran defensor”, dijo también Hernández.

Según el profesor guipuzcoano, Paracelso es el primero que defendió la medicina química, como el uso del mercurio contra la sífilis, y condenó el empleo de la planta guayaco, traída de América, que también se utilizaba contra esa enfermedad venérea.

El conferenciante también recordó que “España lleva a América la viruela”, que mató a muchos indígenas por epidemia, pues los indios no tenían memoria inmunológica.

“No fue por malicia”, quizás a diferencia de la “guerra bacteriológica” en la colonización del norte del Continente, cuando “los ingleses regalaban a los indios mantas contaminadas de viruela” en el siglo XVIII, recordó asimismo.

Los síntomas de la viruela era fiebre muy altas, erupciones cutáneas y complicaciones cerebrales.

Si los indios morían de viruela, los exploradores de las Indias sucumbían a la amebiasis (disentería), recibida a través del agua, y que parasitaba el intestino.

“A los indios no les afectaba, mientras que la malaria sí”, matizó.

El profesor destacó luego el papel importante de España en la medicina y la “revolución verde” que propició el Descubrimiento y la primera expedición científica organizada por Felipe II a México (1570), de donde se conoce el tomate, la tunera (cactus), el peyote (hongo alucinógeno).

Y luego está la quina, el primer medicamento útil contra las fiebres, que fue obtenido de un árbol del Perú y traído en el siglo XVIII.

19. 12. 2013

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