La tradicional cabalgata de reyes convoca en Praga a dos mil personas

La Sagrada Familia con un Niño de verdadLa tradicional cabalgata de reyes volvió hoy a recorrer los aledaños del Castillo de Praga, bajo un cielo plomizo que acabó por descargar, pero que no impidió la asistencia de cerca de dos mil personas.

El trayecto, en medio de gaitas y al ritmo acompasado de los camellos, se inició en el Palacio Arzobispal, con un mensaje del titular de la casa, el cardenal Dominik Duka.

Duka estuvo acompañado desde el balcón por el embajador español, Pascual Ignacio Navarro Ríos, y toda su familia, ocasión que el diplomático aprovechó para recordar la vigencia de esta tradición tan arraigada en muchos países.

La exótica comitiva, ataviada en trajes que recordaban los cuentos de “Las mil y una noches”, pasó luego por el cuartel de la Guarda del Castillo, donde el rey Herodes arengó a los magos venidos de Oriente.

Y el tropel de gente, en el que predominaban las familias con niños pequeños, terminó junto a un improvisado podio en la Plaza de Loreto, que hizo las veces de gruta de Belén.

Allí se ofrecieron al Niño los ricos presentes de oro, incienso y mirra, cada uno de los cuales con su simbología, según fue recordado por los magos.

Don Antonio Vicente Pérez, vicepárroco de Praga-MichleLa cabalgata surgió hace casi veinte años, por iniciativa del misionero Idente Alberto Giralda, cuyo relevo ha sido recogido por el sacerdote canario Antonio Vicente Pérez y el padre checo Antonín Lukeš, que llevan la parroquia católica de Praga-Michle.

“Este año hemos suprimido el camello macho, que en años anteriores no dejada de controlar a las hembras, y hacía que los animales se revolvieran nerviosos entre la gente”, aseguró don Antonio.

Al fondo sonaban los acordes del fujaro, instrumento de viento típico de Eslovaquia, y alguna gaita, a la vez que se entonaban villancicos.

Y pajes vestidos con coloridos trajes y ángeles ateridos de frío felicitaban las fiestas y repartían monedas de chocolate, lo que servía para entonarse.

Como en pasadas ocasiones, y este fue la 19ª vez que se organizaba la cabalgata, don Antonio aseguró que la Sagrada Familia es una pareja joven con su hijo recién nacido.

“Al niño le regalamos una cadena con crucifijo de oro. Esos niños de entonces ya están crecidos y conservan esta prenda”, recuerda el sacerdote de Santa Cruz de Tenerife.

Reyes magos, pajes y ángelesNo muy convencido, me acerqué a comprobar que el Niño Jesús era un niño de verdad y no un muñeco, y que las mantas le envolvían eran realmente para soportar las bajas temperaturas.

Y ahí noté el cariño que tienen al padre Pérez todas estas personas de su parroquia y otras que han colaborado como voluntarios, en medio de una tarde noche intempestiva.

También me sorprendió que unos cuantos eran capaces de chapurrear el castellano, quizás para dar gusto a su vicepárroco, aunque con esto no quiero quitarle ningún mérito, ya que don Antonio imparte clases de español en la Facultad de Educación Física.

La presencia del Niño de carne y hueso fue ocasión de que los más pequeños pudieran acercarse a adorarle, a la vez que depositaban sus regalos, al contrario de lo que sucede en otras cabalgatas.

Vi un señor mayor con su gran bolsa de plástico y que con dificultades se habría paso entre la multitud para depositar sus juguetes.

El estrado estaba lleno de estos presentes, que el día de Reyes serán repartidos en centros infantiles.

A imitación de la cabalgata praguense, este recuerdo de la Epifanía ha cuajado en muchos otros puntos de la geografía checa, como es el caso de Veselí nad Moravou, donde se sustituyeron los camellos por caballos, que son animales más comunes aquí.

Aún así, “los camellos del circo que utilizamos también participan en otras cabalgatas, y ello ha sido una fuente adicional de ingresos para esa empresa, que está contenta con la iniciativa”, apostilló don Antonio.

El cardenal Dominik Duka y el embajador español Pascual Navarro en el balcón del Arzopispado

06. 01. 2014

Coméntalo: