Reporteros gráficos españoles descubren Eslovaquia

Liptovska Kotlina, uno los valles del macizo eslovaco de los Montes Tatra, fue otra de las sedes de un interesante encuentro de reporteros y gráficos españoles, procedentes de el diario El Mundo, Televisión Española y la Agencia EFE, además de unos guías de lujo y un campechano conductor de la minoría húngara. Esta excursión, sazonada por los desenfadados comentarios de los representantes vascos -que por extracción geográfica eran la mayoría- tuvo entre sus etapas la capital Bratislava, la ciudad medieval de Trenčin, los picos nevados de los Altos Tatras, y las delicias culinarias de Modrá.

El grupo, liderado por la productora bilbaína Silviaconsiguió una química de grupo como pocas veces se lograron en un colectivo tan heterogéneo. Silvia, con una cierta dosis de aspereza vasca y no pocos exabruptos propios de su tierra, supo mantener a raya los excesos verbales de otros miembros del grupo. Junto con María, una presentadora de Alsasua, aguzaron el ingenio para hacer de estos días una experiencia memorable. La navarra llevó el peso de los comentarios delante de la cámara, para tratar de vender luego el país a los turistas españoles -a los que se espera como agua de mayo- y no lo hizo mal.

Detrás de la cámara se encontraba Aldo, profesional de la imagen, que aunaba en sí la seriedad del italiano del Norte, la soltura y gracejo del italiano del Sur, el sentido práctico del italiano del Centro, y cuyo desconocimiento del italiano desconcertó a más de uno.

Aldo supo suscitar además interesantes debates, en los que pudo mojar todo el mundo, en los que hubo posiciones muy dispares, expuestas con pasión, pero sin que acabáramos tirándonos de los pelos.

Estas tertulias de sobremesa fueron positivamente valoradas por el intelectual del grupo, el filósofo, sociólogo, conversador, periodista leonés Darío. Su pequeña cámara digital, con trípode de goma que más bien nos recordaba un calamar, tomó buena nota de los momentos más electrizantes de este viaje, y que esperamos más adelante poder disfrutar cuando tenga la gentileza de colgarlos en un álbum de internet.

A pesar de la buena gastronomía, aire de las montañas, de una semana, en fin, regalada de balnearios, “jacuzzi” y piscinas, a nuestro Iñigo le dio al final un lumbago, aunque no sabemos si fue por los continuos cambios de colchón y porque extrañaba su nido.

Le vino bien al vasco, tras más de un año en las africanas Islas Canarias practicando el “surf”, este reencontrarse con el continente europeo, no tan exhuberante como Tenerife, pero con otras bellezas paisajísticas, y donde deseamos se vuelva a cotizar en el mundo audiovisual.

Esta más que grata vivencia en los antípodas de Europa tuvo además una nota internacional digna de reseñar, como fue la presencia de un verdadero “Cicerone”, el peruano Carlos Sotelo, de conocimientos enciclopédicos, y antes de su simpática mujer, Tatiana, oriunda del país anfitrión, y que no se queda a la zaga de su marido a la hora de contar chascarrillos.

En fin, y aunque esta coletilla no pegue en un crónica periodística, sólo queda agradecer a estos amigos el delicioso momento que nos hicieron pasar

25. 04. 2008

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