Fernando en los testimonios de su enfermedad, muerte y exequias

Fernando de Habsburgo en su juventudEl 25 de julio de 1564 murió en Viena, aquejado de una tuberculosis, el emperador Fernando I. Este alcaleño universal gobernó los reinos de Bohemia, Hungría y el Archiducado de Austria. Y pasó a la historia como fundador de la monarquía danubiana de los Habsburgo, que tuvo vigencia hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. 

Reproducimos a continuación un resumen del artículo de Václav Bůžek, catedrático de la Universidad de Bohemia del Sur, que será publicado a finales de este año en una revista checa de historia.

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Repetidos ataques de fiebre, escalofríos, tos y vómitos de sangre mermaron, desde finales de 1563, la actividad diaria de Fernando I, según se desprende de los despachos de diplomáticos, cortesanos y agentes secretos.

Aún así, el monarca enfermo esperó hasta abril de 1564 para entregar a su hijo el gobierno del Sacro Imperio y de los estados de la monarquía de los Habsburgo.

El último mes de su vida no abandonó la cama del palacio vienés de Hofburg. Allí se preparó interiormente y con paz de espíritu para el desenlace final.

Venian a verle Maximiliano II con la reina María, los archiduques Fernando y Carlos, cortesanos de más confianza, el médico personal y músicos. El que más tiempo pasaba a su lado era el confesor, Matthias Sitthard.

Cuando los médicos personales del monarca se dieron cuenta de que los remedios eran en vano, intentaron entre mayo y junio de 1564 una última esperanza, y esperaron la ayuda de un milagro para que el rey saliera de su estado crítico.

El emperador, rey de Bohemia y Hungría, y duque de Austria murió el 25 de julio de 1564, pero sus pompas fúnebres fueron trece meses después, el 6 y 7 de agosto de 1565 en Viena, y el 21 y 22 de agosto en Praga.

El retraso no fue debido a las desavenencias entre los herederos masculinos del rey fallecido, sino a la salud precaria de Maximiliano II, y a la tensión militar creciente en el reino húngaro.

La ceremonia funeraria sirvió para dar el último adiós al cuerpo biológico del monarca y, también, para recrear una imagen inmortal de su cuerpo social.

Tras colocar los restos del difunto en el “castrum doloris”, durante ambos cortejos fúnebres en Viena y Praga, y la misa por su alma en las catedrales de San Esteban y de San Vito, entró Fernando I en la memoria colectiva.

Y lo hizo como un caballero cristiano, como un gobernante prudente y justo de los extensos territorios de Europa Central, donde tras su muerte biológica asumieron el poder sus descendientes, y ello por la gracia de Dios.

Retrato del Rey de Romanos Fernando I, de Antonio MoroEn la dramaturgia de la despedida, y en el lenguaje de los símbolos, quedó reflejada la escenificación del triunfo de la inmortalidad del gobernante, ligado a la cúpula celestial, y la celebración de la tradición ininterrumpida del reinado cristiano de la dinastía Habsburgo.

El guión del último adiós con Fernando I en Viena sirvió de modelo para organizar las pompas fúnebres de su hijo mayor, Maximiliano, en la capital del reino checo el 23 y 23 de marzo de 1577.

Y, además, en los preparativos del último adiós de Rodolfo II, que tuvo lugar en Praga del 1 al 3 de junio de 1612, los principales señores bohemios tuvieron en cuenta cómo se organizó el ritual en el caso de Fernando I y Maximiliano II.

La ceremonia funeraria de Fernando fue representativa y se convirtió en un ritual estereotipo, en el cual la apoteosis del cuerpo social del difunto confirmaba la continuidad y el orden divino.

Una ulterior investigación comparada puede contestar a la pregunta: ¿En qué medida el ritual del último adiós de Fernando I influyó en el transcurso de las pompas fúnebres de sus otros hijos, del archiduque Carlos en Graz, y del archiduque Fernando en Innsbruck?

25. 07. 2014

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