Falleció el hispanista Bohumil Baďura, el hombre de la mirada amable y la precisión histórica

Bohumil Baďura (dcha.) y Sigfrido VázquezEl domingo 21 de septiembre, pasado el mediodía, falleció el historiador y iberoamericanista Bohumil Baďura. Era -así lo recordaré- el hombre de la mirada amable, la sonrisa paciente y la precisión histórica.

Sonaban las campanas de la Iglesia de San Venceslao, en Bohnice, y estaba acompañado de su mujer, Anežka. Estupendamente acompañado, aunque ella se encontrara agotada. A su lado día y noche durante semanas de sufrimiento. Al final, sólo le quedaban fuerzas para desear dar el salto al descanso eterno.

El velatorio será en el cementerio de Strasnice el viernes 26 de septiembre a las 13,20.

Bohumil fue la persona que me introdujo en eso que llaman relaciones hispano checas en la época moderna. Un tema que ha despertado el interés y la polémica entre académicos, desde Bohdan Chudova hasta Pavel Marek, pasando por Josef Polišenský, Josef Opatrný, Vladimír Nálevka y el mismo Baďura. Y algo sobre lo que queda mucho que decir.

Recuerdo sus pacientes explicaciones, auténticas clases magistrales en el café Slavia o junto a la vieja muralla de Praga, en la Písecká brána. Fue un obsequio para mí y la mejor introducción a esta temática.

Eran momentos de intensa relación entre los reinos de Bohemia y España. Algo que conocía muy bien. Hablaba de aquellos personajes, del cardenal Dietrichstein, el embajador Khevenhüller y otros como si estuvieran vivos. Y les diera la oportunidad de defenderse. Bohumil era honrrado al narrar historia.

Luego me viene a la memoria su trabajo sobre Beatriz de Dietrichstein, marquesa de Mondejar, la primera biografía de la noble. Un trabajo de filigranas, minucioso. Me lo envió recién salido de la imprenta.

Recuerdo la grata impresión que se llevó de las monjitas del monasterio de Santa María del Corpus Cristi (carmelitas descalzas) en Alcalá de Henares, donde estuvo Beatriz. Le ofrecieron un vaso de leche caliente para que no se enfriara mientras investigaba en el archivo. Fue un gesto que caló. Y él lo contaba en el fondo con agradecimiento.

Y también recuerdo su reacción cuando le mandé un trabajo sobre el embajador Juan de Borja (Praga, 1579-1581). Querría que lo hubiera visto publicado, pero no pudo ser. Sabía que uno de sus sueños era lograr una beca de investigación para irse al archivo de Simancas y desempolvar los legajos de Borja.

A Anežka y a sus hijos, un cariñoso saludo y mi más sentido pésame.

24. 09. 2014

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