Zaorálek, judíos, “Reconquista” y barbarie occidental

Lubomír Zaorálek, ministro de Asuntos Exteriores de la República ChecaEl ministro de Asuntos Exteriores de la República Checa, Lubomir Zaorálek, ha sorprendido a todos con su discurso de 12 de febrero sobre los pecados de Occidente.

Es sorprendente que utilizara a España como referente para avalar su tesis del espíritu “agresivo”, “intolerante” y afanado en la “liquidación de minorías” que, en su opinión, ha dominado la historia de esta parte del mundo donde vivimos.

“Los cientos de años de historia (de Occidente) son cientos de años de liquidación de minorías”, dijo en un emotivo discurso a los diputados de la asamblea parlamentaria durante un debate sobre el tratado de asociación de UE y Ucrania.

Zaorálek hizo una severa valoración de los fracasos de la civilización europea, responsable de dos guerras mundiales en el siglo XX, y concluyó que “toda la historia de Occidente está llena de sangre”.

“No entiendo que nosotros, representantes de Occidente, nos consideremos una civilización elegida”, añadió.

Puso luego a España como ejemplo de esa agresividad e intolerancia que, desde su óptica, ha dictado el devenir del viejo continente y culminó en el Holocausto judío, durante la Segunda Guerra Mundial.

“Acuérdense de la reconquista en España en el siglo XVI. Recuerden cómo se trató a los judíos, cómo se trató a los musulmanes. Eso es la historia de Occidente”, dijo.

Vayamos por partes. España fue el último gran reino europeo que decretó, en 1492, la expulsión del pueblo hebreo. Se estima que había entonces en España entre 70.000 y 100.000.

Antes lo habían hecho Inglaterra (1290), Francia (1306) y Austria (1421).

Entre las razones políticas que llevaron a esa cuestionable decisión está la unidad de España, un país que los Reyes Católicos quisieron vertebrar en torno a unas creencias. Política y fe iban entonces de la mano.

Era divisa común que los súbditos compartieran la misma religión que el príncipe, lo que dio lugar al lema “cuius regio, eius religio”. Con ojos de hoy lo calificaríamos de intolerancia, pero era lo que se estilaba. Era signo de modernidad.

Una situación análoga hemos visto en Checoslovaquia después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se expulsó a varios millones de checo alemanes para formar un Estado unitario desde el punto de vista de las nacionalidades.

Aunque el desplazamiento masivo de los alemanes fuera acordado por las potencias vencedoras en Postdam, Eduard Beneš fue el encargado de aplicarlo. Y obtuvo por ello el reconocimiento del Estado. ¿Sería capaz Zaorálek de poner en cuestión este mérito de Beneš? ¿Por qué referirse a hechos del siglo XVI, que además aparenta desconocer?

Volvamos a los judíos en la época de que habla el ministro. Habían sido los grandes protegidos de la corona española, en medio del fuerte clima antisemita que se respiraba entre la población.

Isabel de Trastámara, Reina de CastillaIsabel y Fernando tratan de mantener los privilegios de las aljamas (juderías) todo el tiempo posible, hasta que la situación se hace insostenible.

Llueven a la Inquisición las denuncias de usura y delitos contra la religión, sobre todo por las falsas conversiones.

Además, en los ambiente teológicos estaba muy extendida la opinión de que el Talmud era una desviación de judaísmo original, y había que extirparlo.

Fue entonces cuando el inquisidor general, Tomás de Torquemada, nombrado por el Papa, redactó el famoso decreto de expulsión de los judíos.

Lo que ocurre es que hay formas y formas de aplicar las políticas. Y cabe decir que los métodos que emplearon Isabel de Castilla y Fernando de Aragón no fueron ni mucho menos bárbaros.

El decreto de expulsión podría calificarse de ilegítimo, ya que no está bien echar a alguien de su país si no quiere abrazar otra religión. Pero esa no fue la preocupación de lo reyes, sino la unidad política de España bajo una misma fe. Puede no entenderse, pero esto no lo convierte en barbarie.

En el caso del decreto de Torquemada, los reyes aseguraron que se cumplían ciertas garantías: que había realmente motivos religiosos para la expulsión; se fijó un plazo de 4 meses para el abandono del territorio; y se aseguró que no habría quebranto patrimonial alguno.

Algo similar ocurrió con los musulmanes, con la salvedad de que su expulsión no fue posible sin que mediara una guerra civil. La reconquista del último reducto musulmán, Granada. El gran sueño de Isabel de Castilla.

Hablar de estos episodios en el contexto de una supuesta barbarie occidental no es simplificar las cosas. Es no entender la dinámica del ser humano y el poder de las ideas.

Zaorálek también trató de validar su tesis de la barbarie con una mención a la conquista de América.

Según él, la desgraciada trama occidental, que no ha dejado otra cosa sino una estela de sangre y muertos, prosigue también en esa “historia de agresión en América del Sur y en otros países”.

¿A qué se refiere el ministro? ¿Sólo a las bajas producidas por los trabucos y golpes de sable de los españoles? Si fuera así, entonces cae en una nueva simplificación.

La mayoría de las bajas entre los indios fueron por las enfermedades, sobre todo la viruela, que traen los españoles. Los pobladores autóctonos no tienen memoria inmunológica y sucumben a los virus desconocidos con enorme facilidad.

Pero había otras formas de agresión, como las que perpetraban las culturas maya y azteca. Avanzadas civilizaciones que dominaron el tiempo con sus calendarios, pero que para contentar a sus dioses imponían sobre las demás culturas cargas insoportables.

Me refiero a los sacrificios humanos para apaciguar al temido Huitzilopochtli, deidad de la guerra, y Tezcatlipoca, deidad de los infiernos, entre otros. Sacrificios en los que morían muchos miles de personas. Y luego servían de festín en verdaderos actos de antropofagia.

La alianza de los españoles con los indios maltratados por incas y aztecas hizo tambalear los cimientos de esas grandes civilizaciones precolombinas. Fue la manera como un pequeño grupo de conquistadores se hizo tan rápido con el control de aquel inmenso territorio.

¿Qué es lo que quedó de esas grandes civilizaciones? Los españoles conservaron su estructura estamental, ciertas costumbres, se mezclaron con ellos y surgió una nueva cultura mestiza. Lo que es América hoy. ¿Es esto parte de la barbarie occidental de que habla Zaorálek?

16. 02. 2015

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