A Theobald Czernin

La misa de difuntos por Theobald Czernin, celebrada en la Iglesia de Nuestra Señora bajo las Cadenas de Praga, fue sobria y entrañable.

Fue en la intimidad, aunque la presencia de dos obispos diera algo más de empaque al evento. No era lo principal. Lo principal, quizás, fue lo que dijo el oficiante principal, František Radkovský, titular de Pilsen.

Subrayó el espíritu optimista y positivo de Theobald. Perdió todo durante el comunismo, no por ineptitud o por los gajes de la fortuna, sino por los caprichos del régimen. Esto no le hizo emigrar ni tampoco lo convirtió en apocado o, como decimos coloquialmente, un “quejica”.

Había leído años atrás la semblanza de esta familia. La que escribió el periodista Vladimír Votýpka: “Příběhy české šlechty” (Relatos de la nobleza checa). Una joya. Y aquí estaban estos personajes en vivo. Y yo entre ellos.

La viuda, Polyxena, una Lobkowicz de pura cepa, recordaba cosas edificantes de su marido. Pude darle mi pésame. Yo no pintaba mucho en aquel lugar, pero un buen amigo me pidió que asistiera. Es un buen conocido de la familia. Creo que ha enseñado música a una nieta del difunto. Interpretó al final de la misa un hermosa pieza al violín.

El hijo Tomáš me explicó que el corazón de su padre ya no daba más de sí. Tras ser operado, sufrió una complicación pulmonar de la que no salió. Sus nietos -hijos de Tomáš- hicieron de monaguillos.

Las nietas -hijas de Gabriela- dieron un toque de jovialidad a la ceremonia. Y luego bailaron y bailaron durante el tentempié.

Supongo que Theobald sonrió desde algún sitio viendolas hacer piruetas en el palacio de los caballeros de Malta.

01. 08. 2015

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