Kutná Hora, Montecarlo del Medievo, celebra 20 años como patrimonio de UNESCO

Paseo delante del colegio jesuitaLa ciudad real de Kutná Hora celebra en 2015 el vigésimo aniversario de su inscripción en la lista del patrimonio mundial cultural y natural de la UNESCO, un hito de relieve para un atractivo lugar al que bien valdría el sobrenombre de “Montecarlo de Medievo”, por su pasado pudiente y derrochador, y que siempre miró a Praga de tú a tú.

Forman parte de ese elenco a preservar, según la UNESCO, el casco histórico de la ciudad, que incluye la catedral de Santa Bárbara, y la catedral de Asunción de Nuestra Señora, en el pueblo colindante de Sedlec.

En estos veinte años se han invertido casi 80 millones de euros en las obras del casco antiguo, extendido en una superficie de 62 hectáreas, con 319 elementos protegidos de carácter menor y 2 de carácter nacional: la Corte Italiana y la catedral de Santa Bárbara.

Catedral de la AsunciónPlata, diversión y poder. Estos fueron los rasgos distintivos de Kutná Hora, que durante siglos fue la segunda ciudad de Bohemia en importancia, pero más rica que Praga por la extracción del metal precioso.

Ya en el siglo XIII la plata vertebraba la vida económica de la localidad, situada a 70 kilómetros al Este de la capital checa.

Por el auge que supuso, a esta ciudad “bien le habría valido el sobrenombre de Montecarlo del Medievo”, dice hoy Hanka Musilková, directora de Relaciones Públicas del ayuntamiento de la ciudad.

En el clímax de su actividad minera, un tercio de la plata de Europa se sacaba de las profundidades de Kutná Hora, y es aquí donde en 1300 se empezó a acuñar el ochavo praguense, que contenía un 93 por ciento del apreciado metal, y era reconocido internacionalmente como moneda fuerte.

Catedral de Santa BárbaraHoy Kutná Hora está considerada como una perla en el collar de la UNESCO, y este hecho unido a las inversiones le ha permitido conservar su carácter singular entre las ciudades históricas europeas.

Prueba del ascendiente del lugar, que no quería quedarse atrás respecto a Praga, fue la llegada de conocidos artistas, como los arquitectos del fin del Medievo Petr Parler (que trabajó en el Puente de Carlos en Praga) y Benedikt Ried, mientras que en la época barroca trabajaron aquí Jan Blazej Santini, Kilián Ignác Dientzenhofer y Petr Brandl.

Son dos los edificios que destacan sobre los demás en este punto de la geografía checa y que han merecido el reconocimiento internacional: la Catedral de la Asunción y San Juan Bautista, junto al complejo cisterciense de Sedlec, y la Catedral de Santa Bárbara.

Columna de la PesteOtro de los focos de atracción es el osario de Sedlec, donde reposan los restos de unas 40.000 personas, acumulados durante siglos en una historia en la que se mezclan la fe, la peste y las guerras, y constituyen uno de los lugares más visitados del país.

Luego está la Corte Italiana, un palacio real que ocupó el lugar donde antes funcionaba la única fábrica de moneda del reino, y que dio alas a este lugar hasta convertirse en centro económico de Bohemia.

Además de los templos, de la época medieval queda también la Casa de Piedra, una de las reliquias más importantes de la arquitectura gótica europea.

El En la antigua finca de los Dacicky, una familia de altos funcionarios, cargadores y cronistas de la ciudad, hay un restaurante que desempolva recetas del siglo XVII, como el guisado de jabalí con panecillos de harina de miel, y el “aurum foliatum”, un postre a base de crema con moras y oro comestible.

“Se trata de nuestra especialidad alquímica. Es algo para lo que vienen muchos extranjeros, y es el mejor plato que tenemos en el menú”, dijo a Efe una simpática camarera.

Pero, a pesar del poderío de la ciudad, su vida discurría según los cánones típicos de la época, muy distintos a los de hoy, ya que en la actualidad Kutná Hora es de los rincones más idílicos y agradables de la geografía checa.

Calle de Kutná Hora“En la Edad Media no era como hoy. Era una ciudad con mucho polvo y sucia. Pocos andaban por las calles. Parecía algo reservado a los más pobres, ya que uno encontraba suciedad de todo tipo a cada paso. La mayoría iba en carruajes o carros. Andar por aquí era sumamente desagradable”, afirma Musilkova.

Por entonces destacaba la actividad del minero que, al acabar su jornada el sábado, recibía sus seis ochavos de paga semanal -un sueldo muy por encima de la media- y podía dedicarse a disfrutarlo el domingo, también en locales de alterné.

Kutná Hora acogía a una población variopinta, pues en su perímetro llegaron a contarse hasta cuarenta burdeles, además del ejército de mineros que horadaban las entrañas de la tierra, hasta llegar a 600 metros de profundidad.

Iglesia de SantiagoTodavía hoy puede visitarse una de las minas, donde los dos sentidos más importantes del sufrido trabajador eran en un fino oído, para detectar la veta de plata al golpear las paredes con el martillo, y el olfato, ya que el metal desprendía olor a ajo, lo que permitía reconocerlo más fácilmente en la oscuridad.

Con el paso de los años, y debido a la llegada de plata de América y a las limitaciones técnicas para extraerla a gran profundidad, Kutná Hora perdió relevancia como centro minero.

Se convirtió más bien en punta de lanza para la empresa misionera de los jesuitas.

Erigieron aquí uno de sus noviciados más grandes de toda Europa, hoy utilizado como galería de arte, y que está escoltado por un hermoso paseo en cuyo parapeto figuran los santos de la orden y otros insignes personajes del Bohemia.

15. 08. 2015

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