Pepita Marrades tras las huellas de don Baltasar

Pepita Marrades Segura en PragaEn noviembre cobran protagonismo los difuntos, por los que no está de más rezar, como nos ha recordado el libro de los Macabeos en las lecturas litúrgicas de estos días otoñales.

Una vez le dije a mi tía Amalia que rezaba por su suegra Kiki y por su marido Pepe, y me lo recriminó: “Lo que tienes que hacer es rezar por los vivos”.

Entiendo su postura, pero traté de explicarle que todos podemos salir ganando si hacemos caso a los Macabeos. ¡Qué paz da!

Noviembre tiene además otras connotaciones para los checos, sobre todo los intelectuales que han bebido con fruición en la tradición nacional romántica que comenzó el historiador y político František Palacký (1798-1876).

A ver. El 8 de noviembre de 1620 se libró una famosa batalla en las laderas de la Montaña Blanca, una colina que queda hoy dentro del perímetro de Praga.

Ese episodio de 1620 decidió en qué bando iba a estar Bohemia en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), y entregó además las riendas del reino a la dinastía Habsburgo, concretamente, a un sobrino-nieto del emperador Carlos V.

Para Palacký, ese 8 de noviembre resultó fatídico para el pueblo checo, porque ahogó sus “loables aspiraciones de libre pensamiento”, como dijo ese historiador, algo que debe entenderse en clave religiosa: se dejó de apoyar la reforma protestante desde la corona.

Seguramente para Palacký aquella fecha fue peor que todos los días negros que vivió la Humanidad.

Pero el catedrático de historia de la Sorbona Olivier Chaline, que acaba de publicar “La Batalla de la Montaña Blanca”, da otra visión.

Don Baltasar Marradas, en un grabado de Johann Alexander Böner (1647-1720)Explica que el pueblo checo no tuvo mucho interés en involucrarse en esa batalla -nada de alardes patrióticos-, y que se trató más bien de una cuestión entre “empresarios de guerra”.

Esta fue una de las razones por la que ganaron los que ganaron, esto es, las fuerzas imperiales que apoyaban al rey Fernando II de Habsburgo, el mencionado sobrino nieto de Carlos, y que había sido destronado por una revuelta encabezada por esos “empresarios de guerra”.

Para el que tenga interés en acercarse al lugar de los hechos, observará que ya no quedan vestigios de la lucha, ni siquiera una placa conmemorativa. Sólo un pequeño túmulo, con el que se ha querido simbolizar el destino del bando perdedor.

Sí que hablan de ese episodio las calles de este barrio residencial y apacible, a la vera del palacio renacentista de “Hvezda”, y que han sido bautizadas con los nombres de los vencidos (Thurnova, Falcka…) y no, curiosamente, de los vencedores.

Traigo a colación la fecha de esta batalla porque estamos en noviembre y, además, porque uno de los regimientos que combatió aquel día fue el del general valenciano Baltasar Marradas, caballero de la Orden de Malta.

Aquel regimiento de coraceros de Marradas, encabezado por el coronel Felipe de Areyzaga, estaba compuesto por entre ocho y diez compañías, con un total de 320 caballos.

Y la razón por la que menciono a don Baltasar es porque conocí este verano a una familiar suya, Josefa Marrades Segura, que vino a Praga tras las huellas de su célebre antepasado.

“Iba mandando Whattsapps a otros Marrades de Valencia”, reconoció con emoción durante su visita, poco después de que me la encontrara en el centro de Praga.

Pepita, como así le gusta que le llamen, también me mostró el escudo de la familia en su anillo.

Pepita Marrades en el castillo de Hluboká nad VltavouEs el mismo escudo, con curvas y pechinas de peregrino, que aparece en la fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, que acoge la milagrosa imagen en cera del Niño Jesús de Praga.

Una iglesia que fuera acondicionada como templo católico, después de ser incautada a los luteranos, y cuya fachada pagó el general valenciano.

“Estamos orgullosos del apellido, y mis hijas también”, dice Pepita ufana.

La leridana, que es guía turística, dice que hoy quedan pocos Marrades y que están repartidos sobre todo entre Mollerussa (Lleida) y Valencia.

Delfín, el hermano del abuelo Celedonio, marchó por necesidad a Argentina en los primeros años de la posguerra española, y ahí surgió otro brote de la familia.

Parece que son originarios de la comarca de Urgell (Lleida), y que algunos fueron a Valencia en el siglo XIII a luchar con el rey de Aragón Jaime I para reconquistar esas tierras a los musulmanes.

En la República Checa Pepita y su marido, el médico de cabecera y cellista aficionado José María Tomás Mazcaray, han visitado los lugares relacionados con don Baltasar.

Se cree que está enterrado en la Iglesia de san Egidio, regentada por los Dominicos, y donde hace unos años se hicieron unas prospecciones con sonda para verificar la existencia de los restos.

“¡Qué ilusión encontrarle aquí!”, dice ella, aunque no se puede leer claramente el grabado de la piedra del monumento funerario.

Pepita y José María con el codicilo de don Baltasar MarradasEn la Iglesia de santo Tomás, que se llamaba de los Españoles, existen dos obras de Rubens que pagó don Baltasar, aunque los originales se encuentran en la Galería Nacional de Praga.

“Si son nuestras me las llevo”, bromeó Pepita.

También estuvieron en el convento de Emaús, que tras la batalla de Montaña Blanca fue encomendado a los monjes benedictinos de Montserrat, y cuyo altar mayor fue financiado, de nuevo, por don Baltasar.

Y otra visita que no podía faltar: el castillo de Hluboká, que fue entregado a don Baltasar por el rey Fernando II como recompensa de guerra tras la batalla praguense del 8 de noviembre de 1620.

Pero quizás el momento más emocionante fue tener en sus manos el codicilo de don Baltasar, escrito todo de su mano, en que trata de los alimentos que señaló a un hijo bastardo y a la Madre de este, y a una hija monja en Malta, fechado en Hluboká nad Vltavou en 1633  y que pertenece al violinista leridano amante de viejas historias y afincado en Praga Eduardo García Salas.

08. 11. 2015

One Comment to “Pepita Marrades tras las huellas de don Baltasar”

#1  Concha lo escribió (27.11.2015 - 14:05)

Que cantidad de cosas sabes y que suerte la de Pepita de haberse encontrado contigo

Coméntalo: