Praga:Frontera, unos días de Pascua que dejan huella

Confirmación en san Pedro de Na PoříčíLos días en torno a la Pascua, aquí en Praga, tienen un sabor especial, y uno se lo pasa mejor cuanto más intensamente los vive.

Son muchas las cosas que pasan estos días, marcados por el ciclo de las estaciones.

Momento ideal de plantar frutales, como algún subgénero típico de estas latitudes. En nuestro modesto jardín, hemos optado por un ciruelo casero y un cerezo.

Luego abonar el césped con mantillo, preparado a lo largo del año. No ganamos el premio “Miss Kompost” que falló el Ayuntamiento, pero para ser la primera vez no quedó mal.

Talar lo que sobra, sobre todo la última conífera del jardín -¡pobrecita!-. Por su culpa, debajo no crece ni una brizna de hierba.

Y además mejorar el rincón de las bayas, con alguna níspola y un par de arándanos.

Finalmente, preparar los esquejes de rosa trepadora para el trasplante, una vez echadas raíces. Los momentos de jardín en torno a estas fechas tienen su emoción.

Días que también son testigo de la Semana Santa.

Bautismo de adultos en san Pedro de Na PoříčíCon el aliciente de recuperar, y vivir en libertad, tradiciones que no gozaron precisamente del apoyo del régimen anterior. No es que estuvieran perseguidas. Fueron simplemente ninguneadas. Quizás en otros lugares se den por supuestas.

Aquí, desde que volvió la democracia, se vuelven a escenificar esas tradicionesa con el sabor de la novedad. Y el resultado final es interesante. El Jueves Santo, sin ir más lejos, hubo un linda celebración en la Iglesia del Týn.

Por el lado anecdótico, estuve sentado al lado de una familia de color. El padre dominaba el canto gregoriano, y fue el único en nuestra zona que se animó a acompañar al coro. El chaval, Gabriel, era majo como él solo y también algo revoltoso. Obligó a su madre a ejercitarse en la paciencia como una heroina. Les pregunte de dónde eran. “We are from Slovakia”. “Wow, from Slovakia?”, contesté admirado. Otro de los hermosos rasgos de la catolicidad.

Al día siguiente fui con los míos a la celebración del Viernes Santo a San Pedro de Na Poříčí. La escuela “Gregoriana Praguensis” se encargó de los arreglos musicales. Espectacular.

Primera Comunión en san Pedro de Na PoříčíMe ayudó a entender que estas fechas tienen como telón de fondo algo especial, no sólo el ciclo de las estaciones. La Pasión y Resurrección de Cristo. Unos acontecimientos que, al menos en mi caso, no querría que pasaran como el agua sobre las piedras.

A pesar de que el pueblo checo no sea muy practicante, veo que le gusta participar en estos eventos. Tal vez porque forman parte de su identidad.

Y luego está el folclore y color de los acontecimientos que hemos vivido estos días.

El premio “Kristian” para la actriz Carmen Maura en el Febiofest. La presentación de la última novela negra de David Llorente, en cuyo título me he inspirado para este artículo.

Los hinchas escoceses, con sus “kilts” bien planchadas por el centro de Praga y desgañitándose con sus cánticos.

Las banderas chinas embadurnadas con tinta-china por algún revoltoso como Gabriel, que las habrá utilizado como diana en el tiro de bola de pintura. Tendrán que ser cambiadas antes que llegue el presidente Xi Jinping.

Y luego la preparación inmediata para el medio maratón, que se corre el sábado 2 de abril. Me han pedido los del comité organizador que diga las palabras de bienvenida en castellano.

Monumento con el Santísimo en la capilla lateral del Týn después del Jueves SantoPraga está siendo, por estas fechas, un lugar con una mezcla de todo y decididamente para disfrutar.

Y desde aquí, como decia mi abuela Emilia, sólo me queda desearos una Feliz Pascua Florida.

26. 03. 2016

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