Jiří Menzel: “En Checoslovaquia había sed por lo que estaba prohibido”

El cine de Jiří Menzel será objeto de una retrospectiva en España y EE.UU.A los 50 años de “Trenes rigurosamente vigilados”, galardonada en 1967 con el Óscar a la mejor película extranjera por la academia de Hollywood, la Filmoteca Española ofrece una retrospectiva del director checo Jiří Menzel, que antes de partir a Madrid habló de su película y el contexto cuando nació.

La retrospectiva, organizada conjuntamente con el Centro Checo, mostrará a lo largo de abril y mayo en el Cine Doré once cintas firmadas por Menzel, que es también actor y director de teatro.

En el elenco que se mostrará en Madrid figura su debut en largometrajes, “Trenes rigurosamente vigilados”, así como “Alondras en el alambre”, “Tijeretazos”, “Mi dulce pueblecito” o la reciente “Yo serví al rey de Inglaterra”.

Todos estos trabajos cubren un arco temporal de cuatro décadas de creación cinematográfica, que estuvo marcada por el inesperado éxito obtenido en el primer largometraje.

Menzel recordó en una entrevista en Praga el ambiente en el que nació esa aclamada cinta, basada en una novela de Bohumil Hrabal, sobre un aprendiz de guarda de estación hundido por sus fracasos amorosos, que le llevan a intentar un suicidio, para luego convertirse en héroe de la resistencia contra el nazismo.

El cineasta, de 79 años, recuerda que en los años 60 del siglo pasado “en la literatura empezaban a aparecer cosas que denotaban la sed por lo que estaba prohibido”, y que posibilitaron una cinta intimista que toca ciertos tabúes, como el suicidio o ciertas excentricidades sexuales.

Una época que fue testigo de un proceso de apertura del régimen, algo que luego se llamó “Primavera de Praga”, cuando “sentíamos que el comunismo no era una panacea sino un artilugio engañoso, y había unanimidad en esto”, recuerda también Menzel.

Por entonces, el artista estudiaba en la prestigiosa Facultad de Cine de la capital checa (FAMU), donde ya “nadie jugaba a ser ideólogo, por lo que el régimen se mantenía a base de voluntarismo y con ayuda de los rusos”.

Sobre su relación profesional con el autor de relatos costumbristas Bohumil Hrabal (1914-1997), el cineasta lo descubrió leyendo sus escritos en la prensa, ya que la censura oficial le impedía publicarlos como libro.

“(Hrabal) Tenía casi 50 años y yo una vez leí un relato suyo en el periódico y fue algo grandioso. Literatura checa independiente, preciosa, muy rica. Y al surgir posibilidad de hacer un film sobre sus relatos, varios nos lanzamos”, recuerda.

Y añade: “Es lo mejor que tenemos aquí, ni (el autor de ‘El buen soldado Švejk’ de Jaroslav) Hašek ni (Karel) Čapek sino Hrabal, que es universal y sabe mirar al mundo, a la vez, con una sonrisa y con lástima, pero no críticamente”.

Menzel dice que tuvo “mucha suerte” de encontrar a Hrabal, que acabó convirtiéndose en talismán de su vida, ya que tras el éxito con los “Trenes rigurosamente vigilados”, le ofrecieron otras películas sin que él las buscase, en parte porque el régimen socialista le obliga a un pacto tácito para no seguir dirigiendo.

Sobre el Óscar, Menzel declaró que “fue pura suerte, como aquel chico que invitaron a un campo de golf por primera vez, le dieron un palo, le pusieron una bola, la golpeó y acertó con el agujero”.

“Ese fue mi caso, algo totalmente inmerecido”, dijo.

Menzel dice que su Óscar fue El checo integra la generación de ilustras cineastas como Miloš Forman, Věra Chytilova, Jan Němec o Vojtěch Jasný, que conformaron la “nueva ola” del cine checoslovaco, algo que fue clave para obtener la estatuilla de Hollywood.

“No lo hubiera conseguido si no hubieran estado entonces alrededor Forman, Chytilova y Němec, que dieron un lustre insospechado al cine checo”, asevera Menzel.

“La ‘nueva ola’ era una voz de rechazo a lo que no queríamos, y cada uno de nosotros lo hacía de distinta manera: Forman dominaba el trabajo con actores no profesionales, Němec era muy refinado, cada uno era distinto”, dice sobre esos grandes, algunos de los cuales se vieron obligados a exiliarse.

Tenían en común el ser una “reacción natural a la falta de honradez de las películas ideológicas anteriores, hechas por buenos autores, pero que debían acomodar su creación a lo que quería el jefe bolchevique”, explicó.

Volviendo a su debut en largometrajes, reconoce que tanto él como su equipo no tenían entonces con la cinta “ninguna ambición, pero el tema era bueno y no lo rehuí”.

Se había formado en FAMU con el pedagogo Otakar Vávra, y eso le dio la confianza para su asalto al mundo del largometraje, del que salió tan bien parado que le marcó para toda su vida.

“No se logró éxito (en checo, “povedlo”) sino que se hizo un pastel de mermelada excelente (“povidlo”), apostilló Menzel aquel éxito inesperado, con humor y un curioso juego de palabras en su idioma eslavo.

13. 04. 2017

Coméntalo: