Alfonso XIII y la independencia checa

El rey Alfonso XIIIEl rey Alfonso XIII intervino ante la corte de Viena en favor de disidentes bohemios y moravos injustamente encarcelados durante la I Guerra Mundial, y que llegaron a convertirse en hombres claves de la I República Checoslovaca tras la ruptura de la Monarquía Austro-Húngara (*).

La actitud conciliadora del Borbón hacia las víctimas de esa persecución fue entonces objeto de numerosos comentarios periodísticos. Los medios de comunicación interpretaron que al Borbón no le gustaba la relación tensa y de „enemistad insalvable“[1] entre Viena, capital imperial, y sus nacionalidades súbditas.

Alfonso XIII se encuentra entre los pocos estadistas de la época, junto al rey Jorge V de Inglaterra, que mostraron solidaridad con los “Habsburgo caídos”, en referencia a la familia imperial austriaca. Y logró además granjearse las simpatías del nuevo régimen republicano checoslovaco, hecho corroborado por la concesión de la Orden del León Blanco.

Derechos de propiedad de familiares y amigos íntimos, talante humanitario, razones de Estado e intereses económicos se entremezclan para explicar la disponibilidad del Borbón para actuar en un entorno geográfico que resultaba aparentemente muy lejano para España, cuya política exterior estaba entonces volcada en el problema de Tánger.

La relación de Alfonso XIII de Borbón (1887-1941) con el Reino de Bohemia, que se transformó en república en 1918, es poco conocida fuera de los círculos de la aristocracia. Al español le unen con esta región centroeuropea lazos de sangre, pues la madre de Alfonso era de aquí. La reina y regente María Cristina de Habsburgo-Lorena nació en Velké Židlochovice (en alemán, Gross-Seelowitz), una localidad del sur de Moravia, concretamente a 22 kilómetros de Brno. Prácticamente nadie en Židlochovice recuerda hoy que una de sus lugareñas reinó en España. Y es algo que los ediles del ayuntamiento tampoco han sabido aprovechar para un hermanamiento. En la actualidad, Židlochovice sólo está hermanada con Gbely, una localidad eslovaca de 5.000 habitantes situada 77 kilómetros al sureste.

María Cristina pertenecía a la pudiente rama Teschen de los Habsburgo. Poseían minas de carbón en Polonia y en la región silesia de Těšín, al noreste de la actual Chequia. Los Habsburgo-Teschen arrancan con la princesa María Cristina, hija de la emperatriz María Teresa. Son una línea dinástica llamada “segundogenitura” después del emperador Leopoldo II, hermano de la citada princesa. Ella adoptó a un hijo de Leopoldo, Carl Ludwig, que será abuelo de la futura reina española.

Cerca de Židlochovice, a una hora en coche, está Bratislava, una ciudad muy vinculada a esta rama de los Habsburgo. Aquí residía el archiduque Federico Alberto, tío materno del monarca español. Con su mujer, Isabela, vivieron aquí entre 1889 y 1905. Él, como alto oficial, y ella como promotora de obras sociales. También impulsó la artesanía textil local, según refleja en el Museo de la Ciudad, que ahora celebra 150 años, y donde se habla mucho más de ella que de su marido. Federico Alberto no ha pasado a los anales de Bratislava como alguien querido, más bien se le ignora. La muestra del museo es un ejemplo.

En Bratislava se conoció el idilio secreto entre Francisco Fernando D´Este, heredero al trono imperial, y la condesa checa Sofía Chotek, que dio al traste con la novela rosa que se había hecho la archiduquesa Isabela. Creía que el apuesto D’Este venía dos veces por semana al Palacio de Grassal –actual sede de la jefatura de Estado eslovaca– para visitar a su hija María Cristina, cuando en realidad estaba enamorado de su dama de compañía, la noble checa. Ambos se habían conocido en Praga.

Alfonso XIII durante una visita a Marienbad en 1930En agosto de 1914 Federico Alberto es nombrado jefe del estado mayor del Ejército Austro-Húngaro, tras la declaración de guerra a Serbia y Rusia. El cronista local Miroslav Jurák[2] apunta, no exento de ironía, que el destino obligó al archiduque a ir a Serbia en expedición de castigo para vengar la muerte del heredero al trono, a quien detestaba por haber privado del título de emperatriz a su hija mayor.

La expedición de castigo de Austria contra Serbia por el asesinato de D’Este coincide con la persecución sistemática iniciada contra los checos. Federico aborreció el movimiento emancipador de los bohemios, que se venía fraguando desde el siglo XIX aunque, usando el dicho histórico, la sangre no llegó al río. Las cosas cambiaron con la política abiertamente pangermanista de Federico Alberto, uno de los artífices de la alianza militar con Alemania que llevó a la monarquía austro-húngara a la guerra con el resto de Europa. Al principio el atentado de Sarajevo era un conflicto regional con Serbia, un incendio localizado, pero se convirtió en excusa para las ambiciones imperialistas de Berlín, secundadas por Federico Alberto.

A Federico Alberto se le atribuye un papel destacado en las actividades del Kriegesüberwachungsamtu (Oficina de Búsqueda Militar), dirigida sobre todo contra disidentes checos. Aquí fueron instruidos numerosos procesos de traición a la patria, “en la mayoría de los cuales fue necesario forzar los motivos jurídicos”, asegura Jurák.

Por encargo directo de Federico Alberto, los políticos Karel Kramař y Alois Rašín, que jugarían un papel destacado en la I República Checoslovaca como primer ministro y ministro de Finanzas, respectivamente, fueron sentenciados a pena de muerte. Un clamor popular en la opinión pública europea, en parte promovido por Alfonso XIII, se alzó contra las condenas. Fue el monarca español quien jugó la principal baza diplomática, por sus especiales vínculos con Viena. Alfonso XIII intercedió ante Francisco José I tras el veredicto, con la petición del indulto para los inculpados

De la intervención de Alfonso XIII se hizo eco el diario „Čechoslovák“, editado en Petrogrado (Rusia). Refirió que el rey Alfonso XIII ordenó al embajador español en Viena para que “en nombre de la Corona española” se solicitara al Emperador y al gobierno austriaco que “suavicen este trance de muerte de Karel Kramář” y los otros tres. La nota del diario incluyó emotivas palabras sobre la intermediación del Borbón: „Si existe alguien, entonces somos nosotros los que, ante una buena palabra o ante un gesto mostrado cuando fuera y por quien fuera a favor de nuestros esfuerzos, ¡no lo olvidamos! Y se lo agradecemos ya hoy al rey español con el alma encendida”.[3] Una semana después de la amnistía, Kramář viajó a Praga y fue recibido en olor de multitudes. Pronto se convirtió en jefe del Comité Nacional, el principal órgano del Estado naciente, y después presidió el consejo de ministros.

Checoslovaquia, durante todo este proceso, vio en España un aliado en el marco de la Sociedad de Naciones y, dado que el presidente Masaryk obtuvo en 1924 la orden de Carlos III, la diplomacia praguense vio con buenos ojos condecorar al monarca español “por motivos de cortesía internacional y como muestra de amistad entre ambos Estados”. Masaryk firma el 28 de abril de 1925 el decreto de concesión del Gran Cordón de la Orden Nacional del León Blanco por el mérito civil a Alfonso XIII.

Gustavo Monge

(*) Artículo publicado en “La Aventura de la Historia”, núm. de Diciembre 2018


[1] SOUKENKA, Jan: “Karel Kramář 1914-1918”. Praga. 1930. Cita la noticia publicada por Československá samostatnost. París, 23.6.1916.

[2] JURÁK, Miroslav: “Devatero vyprávění o lidech ze slunečního města” (Nueve relatos sobre las gentes de la ciudad del sol). Židlochovice. 1992.

[3] SOUKENKA (1930): Op.cit.

30. 11. 2018

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