Pavel Štěpánek glosa la mala fama de los españoles en la Praga del siglo XVI

Al inicio de la presentación El historiador del arte Pavel Štěpánek presentó hoy en el Instituto Cervantes de Praga su obra “Capítulos en la historia de las relaciones artísticas checo españolas”, una recopilación de artículos que son fruto de un trabajo iniciado a mediados de los años 60.

Cincuenta años de interés por las relaciones entre dos naciones desde el prisma del arte, y que Štěpánek comenzó a investigar bajo el impulso del profesor Josef V.Polišenský.

Así lo recordó el decano de los hispanistas checos, Josef Opatrný, en el coloquio celebrado con motivo de la presentación del libro, en un acto al que también asistió como ponente el historiador Pavel Marek.

Štěpánek y Marek, precisó Opatrný, forman una “cadena muy corta de especialistas en esta problemática” hispano-checa, que llega a hundir sus raíces en el siglo XIII, a través de los “lazos firmes y familiares” que existieron entre Alfonso X el Sabio y su primo hermano Premislao Otakar II.

Y unas relaciones que no estuvieron exentas de momentos de recelo y mutua incomprensión.

Štěpánek apuntó, por ejemplo, que cuando comenzó el trabajo de los jesuitas en Praga a mediados del siglo XVI, tras ser invitados por la Corte -encabezada por el alcalaíno Fernando I de Habsburgo-, la orden de san Ignacio de Loyola se cuidó de no mandar a españoles, ya que “no tenían la mejor fama en Praga”.

De izda. a dcha: Pavel Štěpánek, Pavel Marek y Josef OpatrnýA falta de estudios de opinión de la época, el historiador apuntó que los católicos formaban entonces una elite minoritaria, entre las que había familias de abolengo como los Rosenberg, Lobkowicz, Pernestán, Ditristán y Harrach, y también notables españoles, entre ellos el rey Fernando I y sus colaboradores.

Este grupo elitista, según el estudioso checo, no terminaba de conectar con el sentir religioso de la baja nobleza y líderes burgueses checos, que se posicicionaron del lado de los husitas y de Martin Lutero.

Lo curioso, como reconoció también Štěpánek, es que al enviarse académicos a la universidad de Olomouc, allí los jesuitas no tuvieron reparo en contar con españoles, cuando la situación religiosa en Moravia era entonces similar a la de Bohemia.

Al glosar el checo las relaciones hispano checas en el arte y la cultura, mencionó al rey Fernando de Habsburgo, nacido en el palacio arzobispal de Alcalá de Henares en 1503 y elegido rey por los estamentos checos en 1526, como factor que dio “mayor impulso” a esos intercambios.

Buena parte de la exposición de Štěpánek se orientó a descubrir la huella del Toisón de Oro, la orden de más prestigio vinculada inicialmente a la Casa de Borgoña y luego también a los Habsburgo, en los edificios y esculturas promovidos por españoles en Bohemia.

Pavel Marek, por su parte, presentó su libro “Las mujeres de la casa de Pernstein”, un laborioso trabajo sobre una correspondencia diseminada por toda Europa y en la que ha trabajado durante 20 años.

Pavel Marek en el Instituto Cervantes de PragaEntre las mujeres de esta familia hispano checa, descendiente de la castellana María Manrique de Lara y el canciller del reino Vratislao de Pernštejn, destacan Polixena, mujer que es bastante conocida entre los historiadores y turistas, por su relación con el Niño Jesús de Praga, a diferencia de sus hermanas, sobre las que Marek centra la atención.

Era la primera vez que se investigaba esta saga familiar en toda su extensión, ya que “no se sabía casi nada de la vida de estas mujeres antes de la publicación del libro”, afirmó el autor.

Gracias al estudioso de la Universidad de Pardubice, sabemos de las andanzas de Juana, que se casó con el noble Fernando de Aragón duque de Villahermosa, que calló en desgracia con Felipe II, y cuyo linaje tampoco salió bien parado en “El Quijote” de Miguel de Cervantes.

Al ser Juana la dama preferida de la emperatriz María de Austria, hermana de Felipe, salió ilesa del contencioso de su marido.

Otra, la políglota Isabel, fue dama de la archiduquesa Isabel de Austria (1554-1592), reina de Francia, mientras que Francisca y Bibiana se casaron con nobles italianos y, entre otras cosas, dejaron impronta de su apellido en alguna joya arquitectónica de la península de los Apeninos.

Bibiana fue además cuñada de san Luis Gonzaga, además de dama de Margarita de Estiria, reina de España.

Marek completó este elenco con Luisa, que llegó a ser abadesa de las Descalzar Reales de Madrid, para significar que se trataron de “mujeres muy educadas e inteligentes” y sobre las que todavía queda “mucho por descubrir”.

Existe un problema “paleográfico”, y que estas mujeres no escribían con una caligrafía muy clara, como la madre de ellas, María Manrique, reconoce en alguna carta, y además no tenían costumbre de fechas sus misivas, lo que crea nuevos problemas de datación.

30. 11. 2018

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