Nueve artistas mexicanos de origen checo exploran sus raíces bohemias

Libuska Smutny en PragaUn grupo de artistas mexicanos de origen checo expone desde hoy en la Embajada de México en Praga, en su primera muestra colectiva de familia llamada “Unión de Dos Mundos”, por querer reflejar la fusión de dos culturas aparentemente muy lejanas, y que convergen en ellos.

“Estábamos pensando que queríamos hacer una exposición que uniera las dos culturas. Es nuestra finalidad, que las culturas se unan, así como las familias se unieron, que las culturas se unan por medio del arte”, dice Libuska Smutny, representante de la familia.

Veinticinco obras, en su mayoría de pintura, aunque también hay fotografía y escultura, componen este colorido elenco, instalado en el vestíbulo de la casa señorial de “Dům U Mejtských”, que acoge la sede diplomática de México.

Inicialmente barroco, este edificio de dos alturas en el centro de Praga sufrió una remodelación neoclásica que le dio su aire actual, en un distrito capitolino que se precia de acoger el Teatro Nacional, del mismo estilo.

La sobriedad del neoclasicismo es el marco que realza los colores vivos y motivos florales de las composiciones de Libuska y su hermana Jaroslava Smutny, de Krytzia y su hermano Enrique Dabdoub Smutny -primos mayores de las dos primeras-, de Warenka Smutny, de Sofía y Eugenio Minvielle, y, finalmente, de José Gaspar y Matías Redón Smutny.

VÍDEO: ENTREVISTA A LIBUSKA SMUTNY

Todos estos artistas proceden de José Smutny, un diplomático checoslovaco que se afincó en el país norteamericano al comenzar la II Guerra Mundial.

Antes del estallido de la contienda, Smutny trabajaba en la oficina comercial de la embajada checoslovaca en EE.UU. y las turbulencias políticas de entonces, al pasar los checos a la esfera de influencia de la Alemania nazi, trastocaron sus planes de regreso a Europa.

Acabó en el país de los aztecas, y no quedó más remedio que matricularse en una escuela de idiomas para aprender español, lo que le puso en contacto con una joven que aprendía francés y que, con el tiempo, se convertiría en su mujer.

Tuvieron seis hijos, uno de los cuales es el padre de Libuska y Jaroslava, que optó obviamente por dar a sus descendientes nombres claramente centroeuropeos, a pesar de que sonaban algo extraño en el país de acogida.

Pasados los años, algunos de estos descendientes han podido recuperar la nacionalidad checa, como Libuska, que reside hoy en Praga y es quien me cuenta el periplo familiar.

La torre de San Nicolas (izda.), cuadro de la abuela Smutny, y el Senado checo, de Libuska Smutny

Los Smutny deduce”Me vine aquí, sin hablar checo, y está dificilísimo. Tuvimos la oportunidad de tener la nacionalidad. Somos aventureros”, afirma.

Se dedica an que la abuela tenía alma de artista porque, ordenando papeles, una nieta suya encontró hace poco una pintura suya fechada en 1940 y que podría reflejar la torre de la Iglesia de San Nicolás, en el distrito praguense de Mala Strana.

El hecho es que los píxeles del cuadro viajaron por internet y llegaron a todos los celulares de la red social familiar: ¡Esto es San Nicolás! ¿Cómo es que la abuela llegó a inmortalizar el emblemático edificio? Nadie lo sabe con certeza. Pero les hizo a todos cobrar conciencia de que muchos compartían la afición de pintar. ¿No podría esto deberse a los genes de la abuela?

Eso fue el detonante de la exposición colectiva, confiesa Libuska, que se crió en el pequeño estado de Colina, en la costa del Pacífico. A pesar del contento por reencontrarse con la tierra de sus antepasados, supongo echará de menos el océano, el sol a espuertas y la calidez del modo de hablar mexicano.

l arte desde los 17 años, cuando recibió un juego de acuarelas de lujo y decidió sacarle partido apuntándose a distintos talleres.

“En una navidad mis papás me regalaron un juego de acuarelas que parecían joyas. Y unos papeles increíbles. Y unos pinceles divinos y dije yo: ‘¿Cómo voy a echarlo a perder. Yo tengo que aprender para poderlos usar?’. Me compré unas acuarelas más feas. Y me metí a clases de acuarela, de óleo, de talla en madera, de murales, de cerámica, de escultura”, recuerda.

La exposición

En uno de los cuadros aparece un jarrón de cristal tallado de Bohemia con ramo de alcatraces, que en español se conocen como calas.

“Me gustan muchísimo las plantas, ese es mi tema: la botánica, cosas muy fáciles de ver, cosas sencillas, fáciles de poner en una casa. No pinto abstracto o algo polémico”, explica la artista, que antes de venir hacía murales para empresas, casas, restaurantes, oficinas o escuelas.

Libuska evocó el retorno del abuelo José, después de la guerra, a la actividad comercial con Europa, pues empezó a importar a México cristal checo, lo que sirvió de inspiración a los artistas de la familia, que llenaron sus casas de cuadros con este motivo “checo, checo, checo”, recalca la artista.

También reconoce que los Smutny mexicanos tienen una impronta checa en el carácter, algo de familia, como el ser “supermetódicos, cuando en México la gente no es metódica” o ser todos “como muy programados”, apostilló la checomexicana.

"Unidad", de Krytzia Dabdoub Smutny

El profesor Josef Opatrný durante su visita a la muestra

13. 11. 2019

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